He acabado la carrera… ¿y ahora qué?

Seguro que muchas de las que nos leéis estáis acabando vuestras carreras, o se acerca el momento: ¿encontraré curro? ¿haré un máster?¿cuál? ¿a qué becas puedo optar? ¿qué títulos necesito? Las distintas presiones (familiares, profesionales, emocionales…) hacen de lo que debería ser una graduación feliz, como las de las películas, un momento terrorífico.

Queremos invitaros a realizar un ejercicio de retrospección: quienes hoy acabamos nuestras carreras (o máster, o doctorado, da igual) entramos a la universidad, aproximadamente, entre 2011 y 2013. Han pasado tantas cosas desde entonces que nos parecen viejos el 15M, el Rodea el Congreso, las Mareas… Sabíamos que éramos una generación sin futuro, pero creíamos que podía haber un cambio. Incluso las más conformistas pensaban ‘’cuando termine la carrera, ya habrá pasado la crisis y volveremos a las vacas gordas’’.

Tener la expectativa de que las cosas pueden cambiar, mola. Es como el café: te levantas mal por la mañana, pero sales de casa creyendo que tienes la energía suficiente para tener un buen día. Estábamos en crisis, pero votábamos morado o rojo, o no votabamos, mientras veíamos que azul, naranja y rojo (los otros, los del GAL y tal) seguían atentando contra nuestras vidas condenándolas a la precariedad.

… Y ya estamos en 2018. La vida sigue ‘’repartiendo futuros inevitables’’ y todo sigue igual. Nada ha cambiado, solo la cuenta que te regaló el Santander al entrar a la uni: te has dejado 2.000€ en la matrícula al año, más 350€ de alquiler al mes (con suerte), más otra buena pasta en algún certificado de idiomas, entre otros gastos. Toca plantearse un máster, que nunca baja de 2.500€. O toca preguntarle a aquel colega que se fue a Dublín si puede hablar por Skype para preguntarle por el curro en aquellas latitudes. Y algún Prozac por el camino.

Pero aquí lo de las drogas y la psiquiatría (ver aquí, aquí y aquí), ya sabéis, lo vemos desde otra perspectiva. Quizás, tenga algo que ver con que la idea de sacar este periódico irrumpiese tras una charla del filósofo César Rendueles:lo que usted necesita no es un psiquiatra ni una pastilla, sino un sindicato” decía citando a su padre, Guillermo, psiquiatra histórico en la crítica a la psiquiatría. Algunas no somos obreras aún, otras sí que hemos pasado ya por las miserias que el mercado laboral reserva a la juventud, pero todas podemos buscar a estos problemas que nos venden como individuales soluciones colectivas. Por eso, desde estas páginas llamamos a politizar nuestras vidas cotidianas y construir las herramientas que nos permitan sobrevivir a este temporal: meterte en el Sindicato de Inquilinas, pasarte por la asamblea de La Ingobernable, contactar con la asociación de tu Facultad u organizar las fiestas de tu pueblo. Tú sabrás.

La disyuntiva es clara: o aceptamos la situación y nos entregamos a ella (¿para acabar siendo quién?) o empezamos a construir el mundo que imaginamos. Nadie transitará hacia la utopía por nosotras. ‘’Solo tienes el presente, cuidate’’.

 

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