Comer no sólo es masticar

Lo cierto es que en el momento en el que tomamos la decisión de cambiar radicalmente de forma de vida abrazando el veganismo, debemos entender que esto no será “quitar el filete del plato de filete con patatas fritas por el bien de los animales”, esta forma de vida nos da la oportunidad de relacionarnos con los alimentos de otra forma; de reaprender a cocinar, a comer sin prisas, a eliminar transgénicos de nuestros platos, a descubrir nuevos sabores…

Si buscamos veganismo en internet, veremos inmediatamente que la segunda entrada (de igualdadanimal.org) define esta práctica como “un estilo de vida basado en el respeto hacia los animales”. Esta definición es la que adopta la mayor parte del discurso vegano, y la piedra angular del antiespecismo (lucha que defiende la no discriminación al resto de animales no humanos).

Desde los sectores veganos se tiende a optar por un único discurso de: “hacemos esto por los animales”, “esto es por la liberación animal”; y sí, sí que lo hacemos por ellos, sí que buscamos la liberación animal, pero, -y con esto no quiero restarle importancia al objetivo principal-, es digno de destacar e incluir el abanico de posibilidades que ofrece el veganismo, que va de la mano de una alimentación consciente.

No soy ninguna experta en nutrición, ni en biología, ni llevo 20 años siendo vegana. Soy activista política, y como bien apuntó la artista visual crudivegana Consol Rodríguez en una entrevista, “cualquier acto o decisión son hechos políticos. Nutrirse y estar sano son actos políticos, especialmente en el momento en que vivimos, en el que la industria farmacéutica y la medicina occidental sólo velan por sus intereses económicos”. Es por ello por lo que veo necesarias las siguientes reflexiones que pretenden añadir consideraciones con el fin de enriquecer el discurso del veganismo, dado que se tiende a asociar el veganismo a esfuerzo desmesurado y se desconoce la amplitud de esta forma de vida; en parte, en consecuencia del discurso unidireccional mencionado anteriormente.

¿NUTRICIÓN CONSCIENTE?

Hay muchas formas de definir la nutrición consciente; hay quien dice que es el arte de comer con atención plena, también hay quien la define como la alternativa a la industria alimentaria cada vez más insana, o quien la asocia con el respeto a los animales y a las plantas.

Lo cierto es que en el momento en el que tomamos la decisión de cambiar radicalmente de forma de vida abrazando el veganismo, debemos entender que esto no será “quitar el filete del plato de filete con patatas fritas por el bien de los animales”, esta forma de vida nos da la oportunidad de relacionarnos con los alimentos de otra forma; de reaprender a cocinar, a comer sin prisas, a eliminar transgénicos de nuestros platos, a descubrir nuevos sabores… por lo que podemos englobar en nutrición consciente todos aquéllos hábitos alimenticios que parten de una dieta vegana y se extienden hasta comer alimentos libres de tóxicos, reducir basuras en la compra de los alimentos, o comer sin prisas, entre otras cosas. En definitiva, la alimentación consciente no puede separarse del veganismo y viceversa.

Continuando con el punto anterior, me gustaría representar la alimentación consciente como un carro de compra. Como ya he dicho antes, nutrirnos también es un acto político, por lo que este carro de alimentación consciente está ideado para nutrirnos teniendo en cuenta todo lo que considero fundamental en la nutrición conscient

QUÉ ME PIDE EL CUERPO (VOL I)

 

Me parece importante ahondar en este punto, ya que quizás es lo que menos claro está de lo que hay en el carro. En este apartado entran principalmente los deseos y antojos de nuestros cuerpos, que para contextualizarlos en una alimentación consciente quiero destacar una frase que he entresacado de una entrevista de Txell Avilés, naturópata y experta en alimentación consciente: “Conseguiremos el estado de bienestar cuando actuemos acorde a lo que necesitamos y queremos. Cuando empecemos a escuchar nuestro cuerpo y a ofrecerle aquello que pide. Cuando dejemos de ofrecerle estimulantes para acallarlo y le proporcionemos lo que necesita, tanto a nivel físico como a nivel emocional”.

Lo cierto es que, en mi caso, mi madre siempre me ha incentivado a escuchar mi cuerpo y hacerle caso, siempre claro, sabiendo interpretar qué es lo que me está pidiendo realmente. Esto quiere decir que saber por qué tenemos antojos, por qué el cuerpo nos pide ciertas cosas y en forma de qué debemos proporcionárselas es alimentarse conscientemente. Frecuentemente nuestro cuerpo nos pide snacks salados, dulces, chocolate, café y demás alimentos que le damos sin parar a pensar en el porqué de esos deseos o las alternativas que podemos ofrecerles a nuestros cuerpos.

Volviendo a mi caso, recuerdo que la mayoría de las veces que mi madre cocinaba en casa justificaba los alimentos que utilizaba en función de las necesidades que tenía; cuando hacía espinacas decía que el cuerpo le estaba pidiendo hierro; otras veces, cuando desayunábamos con zumo de naranja nos decía que le apetecían naranjas, porque tenían vitamina C, que es lo que realmente le estaba pidiendo el cuerpo.

Mentiría si dijera que siempre he interpretado esos deseos y he reconducido mis antojos en alimentos saludables. La verdad es que cuando realmente empecé a ser consciente de que mi cuerpo me estaba pidiendo nutrientes más allá de querer una taza de café o una onza de chocolate fue cuando comencé a ser vegetariana y me vi en la necesidad de adquirir nociones básicas sobre nutrición y metabolismo. Entonces comencé a comprender mejor la transcendencia de mis antojos y el error que había cometido en el pasado calmando anhelos sin nutrirme.

También me parece importante entender qué no me pide mi cuerpo, es decir, comprender qué me está pidiendo el cuerpo que no es lo que realmente busca. Frecuentemente mi cuerpo pide fritos o queso, lo que probablemente significa que necesito ácidos grasos esenciales, no grasas saturadas que me proporcionarán las patatas fritas que me pide el cuerpo. Lo ideal entonces es satisfacer mi necesidad de grasas insaturadas consumiendo aguacates y semillas, ricos en omega 3.

Con esto, lo que pretendo decir, es, que el veganismo es una herramienta multiusos, es una llave que abre muchas puertas; y pese a que el objetivo principal sea la liberación animal, no podemos obviar que en la amplitud de esta forma de vida entran tantas cosas como actos cotidianos realizamos.

El veganismo es también alimentación consciente, es escuchar nuestro cuerpo y entenderlo, es respetar respetándonos también, para poder seguir respetando.

La Haine

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