Justicia poética

Cuando el caso por el maldito máster de Cristina Cifuentes fue puesto en manos de la fiscalía, la protagonista del truculento tejemaneje hizo varias declaraciones afirmando que estaba muy contenta de que el asunto hubiese tomado tan dulce derrotero. En manos de la fiscalía, explicaba Cifuentes, el enredo se aclarará. “Tengo una confianza absoluta en la justicia”, llegó a decir, lo cual resulta un tanto desalentador y perturbador: me da que, si Cifuentes tiene absoluta confianza en la justicia, no es porque piense que va a a quedar demostrado que ni ella ni la Universidad Rey Juan Carlos (URJC) cometieron ningún delito ni irregularidad, sino porque sabe que la justicia se inclinará a su favor A PESAR, de hecho, de todas esos delitos e irregularidades.

Pero si Cifuentes confía en la justicia, nosotras confiamos en la justicia poética, que, además, solventa el embolao’ de una manera mucho más ágil. Después de que los trapos sucios vieran la luz y salieran a la palestra, se puso en marcha toda una maquinaria de prácticas artísticas. Desde el laboratorio/taller de poesía de La Ingobernable (letraLAB), por ejemplo, nos liamos la manta a la cabeza y nos gestionamos nuestras propias actas de Trabajo Fin de Máster (TFM). Si Cifuentes puede elegir qué poner, qué escribir, qué rubricar en el papelito oficial que sirve de cara a la galería para demostrar la obtención de un título, entonces, nosotras también.

Solo se necesita una impresora y/o fotocopiadora: 1, 2, 3… 53… infinitas copias de la plantilla de acta de TFM. Las que hagan falta. Las rellenamos nosotras. Máster en Dudas, Máster en Chorizología Avanzada, Máster en Falsificación de Másteres… Las posibilidades no se agotan jamás.

Y solo necesitamos una impresora.

O ni siquiera eso. Los memes circulan como flujos incontrolables. Hay quien ha dibujado a mano y con lápices de colores su propio título de máster o el TFM. La performatividad de la profesionalidad que otorgan el membrete, el sello oficial y las letras doradas ha perdido su valor. Nuestros títulos son de cartón-piedra, como la realidad: falsos. O verdaderos, ¿quién sabe? Ya no importa, la relación de fuerzas se ha desestabilizado por un momento, por un instante. La Academia, la Universidad y el Poder en entredicho por una fracción de segundo. Saldrán ganando, por supuesto, pero la justicia poética es experta en hacer brillar esos pestañeos de desequilibrio y jugarlos. Crear presentes lúcidos y alegres. Y, mientras hacemos brillar esos instantes, nos volvemos cada vez más comunes, nos encontramos. Algo se cuece.

La justicia (esa que suele escribirse con mayúscula inicial) sigue su ritmo, mientras la maquinaria poética entrena, practica, no cesa.

Destella.

Estalla.

Se adjunta en este artículo un acta de TFM sin rellenar, para que le deis rienda suelta a vuestro delirio.

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One thought on “Justicia poética

  1. El mundo pa los listillos, pero ya es la hora del juicio publico.. Todo sale a la luz hasta lo falso que se derrite en las brasas del pueblo

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