De enero a marzo en 28 días: poemas urgentes de invierno I

Todo coge inercia
hacia la muerte del nombre.
O casi todo.
Algunas cosas
se esconden en un pliegue,
y se quedan sin llamar
al borde del saberse.
Agotadas las palabras,
salen de su escondrijo las cosas.
Y danzan en el paisaje,
siendo cualquiera entre muchas
otras.

Salto, del verbo volar,
con la incapacidad
de desposeer alas.

Busco abrazo en regazo ajeno.
Frío de invierno en las canas.

Un poema me ronda la memoria,
lo tengo dando puñetazos
por dentro del cuerpo.
Sal, sal de aquí,
pero vuelve, te lo ruego.
Que mi voz te haga ondas
que floten hacia afuera y hagan eco.
Retorno de la memoria, desde el olvido de decirte
al de recordarte luego.

Urgencia de versos,
para calmar la angustia
de este abrazo hueco
por el que transita la lluvia.

Amor industrial no quiero.
Amor no quiero.
No quiero.
No.

No (te) quiero.
No.
Abrazo tuyo,
y beso,
y trueno.

Eso, sí.
Desde luego.

Quererte es renunciar a esto.
Esto es no saber si te quiero.
El no saber es todo lo que comprendo.
Feliz de no esperar que suceda lo que pienso.

Ahora rompe futuros que se congelan
como témpanos.

La forma del futuro es el ataúd de conocernos.

No te quiero,
no.

Solo ganas de abrazarte tengo.

Y ya no sé qué más.
Ni qué menos.

Solo un abrazo que rompa el abismo
del tiempo.

Curiculum vitae
que se marchita.
Nunca está actualizado.
Nunca es presente.
Nunca es yo.
(Que tampoco sé qué es yo, ahora que lo pienso,
no sé qué es, ni sé si quiero saberlo.
No lo sé ni siquiera desde aquí:
mi mí misma.
Mi siendo.)

Documento de carácter ficticio
que da coces en la pantalla
del ordenador
de la oficina
de recursos humanos.

¡Auxilio!
Leedme:

Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en el mar, que es el morirse de asco.
Vomitar.

Delinquir es la única salida.

Que nos encierren en una celda:
cama, pan y agua asegurados.
Mucho más de lo que nos prometía el afuera.

Prisión, dulce prisión.
Ahora todo está dado la vuelta:
en la calle caminan los presos,
en la cárcel se hacinan los pájaros
de amplias alas.

La jaula tiene puestos los barrotes del revés,
todos apuntan hacia el cielo
cada mañana.

Robo para no trabajar.
Solo trabajan los muertos.
Viva me quiero y ladrona,
ladrona del arte de birlar aciertos.
Bailarles el agua ya no me tienta.
De contrato y firma, de letra pequeña
este alma está ya harta
y se busca sus vientos.
Entre delito y delito

se forja un vestido
de cuentas brillantes,
estrellas y rocío.

Pandereta vibrante,
alarma de madrugada.
Luces de sirena,
noche de arma blanca.

El curriculum vitae
en la papelera aguarda.
Qué bien sabe la brisa
que se cuela por los resquicios.

La cárcel es el viaje.
La libertad, el presidio.

Agua, pan y cama:
la realidad ya no los regala.

Pan, cama y agua:
y la luna, en la ventana.

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