Arada: feminismos y memoria

La historia es un campo de batalla. Si tradicionalmente ha representado a los sujetos masculinos, occidentales y pertenecientes a las élites, en las últimas décadas emergen visiones que pretenden recuperar aquellas experiencias ausentes de la mayor parte de relatos históricos. Hoy, en vísperas de la huelga feminista del 8M, hablamos con Arada, un colectivo de memoria feminista de València.

VA: ¿Qué es “Arada. Eina de feminismes i memòria”?

AR: Es una iniciativa que engloba diferentes proyectos relacionados con la memoria feminista. Somos un colectivo abierto de mujeres que, desde la interdisciplinariedad, desarrollamos actividades de divulgación de la historia de género, así como del pasado y el presente del movimiento feminista. Nació como instrumento para la sensibilización social. “Arada” es, en catalán, un instrumento agrícola que se utiliza para abrir surcos en la tierra. Nuestro nombre es una metáfora, utilizamos la memoria como una herramienta: labrar el pasado para sembrar el futuro.

VA: ¿Cuándo y cómo surge el colectivo?

AR: El proyecto se creó en septiembre del 2016, hace algo más de un año. Surgió de las inquietudes de algunas estudiantes de historia de la Universitat de València y el grupo ha ido aumentando hasta hoy, contando con aproximadamente 15 mujeres de ámbitos y disciplinas diversas (historia, pero también filosofía, educación y trabajo social, filologías…).

Sobre el cómo, empezamos sin recursos económicos y con una formación limitada en memoria feminista. Pero nos movieron unas enormes ganas de aportar e innumerables ideas y expectativas en el proyecto. De hecho, inicialmente fuimos ambiciosas y con la experiencia decidimos marcar metas más asequibles que nos permitieran ir avanzando.

VA: En una universidad donde se fomenta el individualismo entre el estudiantado, ¿qué significa para vosotras emprender una experiencia investigadora y divulgativa en común? Y, sobre todo, ¿qué aporta al espacio su composición no mixta, por y para mujeres?

Arada ha significado para nosotras el encontrar aquello que buscábamos cuando entramos en el grado de historia y que no encontramos en el ámbito académico: la construcción de relatos con sujetos diversos, que tienen una fuerte utilidad para la transformación social y que se escriben y divulgan de forma colectiva. Ha sido una gran motivación porque hemos empezado a sentir la proximidad con los temas de estudio que realmente nos interesan, y que no nos vienen dados. Actualmente nos encontramos iniciando este proceso de ruptura con la atomización y personificación de la investigación y, sobretodo, de la divulgación. Pero hemos experimentado la dificultad de esta tarea: se trata de reeducar nuestras formas de adquirir conocimiento en un sistema que prácticamente nos impide el trabajo colectivo. Las limitaciones de tiempo son uno de los mayores obstáculos, pero a pesar de todo, tomamos este camino como un reto. No obstante, se trata de una unión de individualidades pero respetando las diferencias. Coincidimos en que es una experiencia enormemente enriquecedora, Arada es un espacio en el que nos sentimos cómodas mientras unimos nuestras vidas académicas con los movimientos sociales, teoría y práctica indisociables.

La no mixticidad nos aporta la creación de un espacio seguro. El hecho de que el colectivo sea de personas sociabilizadas como mujeres aporta una gran comprensión mutua: en un sistema heteropatriarcal en el que sufrimos violencias comunes, comprendemos con pocas palabras la opresión que sufren las compañeras. A pesar de que es necesario tener en cuenta la multiplicidad de violencias que una persona puede vivir según sus marcadores por origen, orientación sexual, clase, edad, condición física, etc. No obstante, realizamos colaboraciones con hombres que quieren participar en las actividades del colectivo y el debate sobre estas cuestiones se mantiene abierto y en revisión constante.

VA: ¿Habéis recibido algún tipo de apoyo a nivel institucional?

AR: Por ahora las relaciones de Arada con instituciones como la Universidad, son iniciales. Todas venimos de las aulas y formamos parte de ella, pero estamos realizando un trabajo autónomo porque consideramos que de momento podemos valernos por nosotras mismas. Nos hemos presentado como grupo a profesoras y profesores, en algunos casos hemos recibido mucho apoyo. Pero los debates sobre la colaboración con instituciones siguen abiertos, aunque de momento no se hayan materializado.

VA: ¿Y de los movimientos sociales?

AR: De los movimientos sociales estamos recibiendo mucho, concretamente de los grupos feministas del País Valencià, que nos muestran el camino y que nos dejan su documentación para conservarla y difundirla. También de centros sociales de València como La Repartidora, el CSOA l’Horta o la Casa de la Dona que nos ceden los espacios. O de proyectos como Caliu Espai Editorial que quiere publicar nuestras ideas y de otros movimientos sociales que continuamente nos contactan para realizar conferencias y talleres en sus jornadas y en sus barrios o pueblos. Aprovechamos para agradecer esta enorme ayuda, una muestra de que el apoyo mutuo da frutos.

VA: ¿Cuáles son las principales tareas que estáis llevando a cabo?

AR: La primera actividad que iniciamos es la realización de un centro de documentación feminista, un archivo para recoger la documentación de colectivos feministas para depositarlos adecuadamente, difundirlos y preservarlos. Lo entendemos como un espacio necesario para la investigación: conservar las fuentes como recursos indispensables para conocer el feminismo. Pero también para la acción, ya que la memoria es un pilar central para la transformación futura.

Por otro lado, estamos escribiendo un libro de forma colectiva, a propuesta de Caliu Espai Editorial, con la memoria feminista como hilo conductor. Los temas serán diversos (la memoria feminista y su relación con la memoria histórica, la memoria decolonial feminista, los espacios urbanos y su construcción en relación con los espacios de memoria de las mujeres, los usos políticos de la historia y su relación con el feminismo. A través de la publicación, tratamos de poner en práctica la investigación colectiva a la que antes nos referíamos.

Además, a petición de las necesidades de diferentes movimientos sociales, asociaciones o centros educativos, realizamos actividades formativas de difusión de la historia y la memoria con perspectiva feminista. A parte de las conferencias, hemos creado un juego mediante el que difundimos de forma lúdica e interactiva estos conocimientos.

Por último, también participamos en las actividades, movilizaciones, asambleas o convocatorias del movimiento feminista de València. Aunque nos centramos en los aspectos relacionados con el estudio y la difusión de las memorias feministas, trabajamos en la medida de nuestras posibilidades en la organización feminista de la ciudad.


VA: ¿Recuperáis unicamente la historia de las mujeres o también otras subjetividades subalternas?

AR: La historia de las mujeres ha sido, en numerosas ocasiones, limitada y homogénea. De la historia de las reinas y las santas, encontramos discursos que visibilizaban a mujeres científicas, intelectuales o premios nobel. Y el feminismo histórico se vinculó mayoritariamente, a nivel social y historiográfico, al movimiento anglosajón sufragista. 

Pero desde Arada, reivindicamos memorias feministas diversas que abracen la interseccionalidad, la transformación común en el pasado y las acciones sencillas de emancipación cotidiana. A través de la revisión crítica de los referentes del movimiento feminista, pretendemos huir del discurso de victimización histórica de las mujeres. Se trata de visibilizar las memorias que tienen la capacidad de transformar las identidades individuales, de aportar referentes de creación de colectividad y de mostrar los espacios de memoria feminista.

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