Orientalismo y cultura mainstream: El Señor de los Anillos (I)

¿Y qué es el orientalismo?

El orientalismo es la mirada esencialista –cargada de estereotipos- de “Occidente” sobre “Oriente”. Edward Said, que definió éste concepto en su libro homónimo en los años 70´, explicaba que ésta visión sirve para justificar el colonialismo occidental contraponiendo una cultura vivaz y progresiva, como la cristiano-occidental y una estancada en la edad media, retrógrada y exótica –concepto que, por definición, define al Otro como extraño fuera de la normalidad objetiva-.

La esencialización del mundo arabo-islámico, entre otros, conviene y ha convenido siempre a los grandes poderes fácticos en sus cruzadas civilizatorias, que, por supuesto, son sólo mascaradas que esconden intereses más complejos. El orientalismo es, pues, un discurso, una ideología en el sentido gramsciano del término, pues otorga un prisma que permite ver la realidad de una determinada manera. Ese prisma colonialista es el que ha dominado y sigue dominando a la producción cultural occidental en el momento en que debe referirse a ese Otro de más allá del mar. El perenne tópico de la superioridad cultural occidental, alimentado también por la teoría del choque de civilizaciones de Huntington, está más que en boga actualmente. La cuestión del imperialismo cultural, es decir, la imposición de valores a una sociedad retenida como inferior, es la derivación directa de la esencialización de las sociedades a las que se recluye en el inmóvil ámbito del Otro.

El imperialismo cultural, por su parte, es tan sólo una de las muchas manifestaciones del imperialismo tradicional, el que se afana por democratizar países lejanos y civilizar a comunidades bárbaras. Las manifestaciones culturales hegemónicas, recordemos, no son más que el velo que oculta pensamientos como el de W. Churchill, que alegaba para justificar el genocidio de Bengalíes causado por su administración: El hambre de los bengalíes, malnutridos de todos modos, no es tan importante como el de los robustos griegos.

Introducción

El Señor de los Anillos es una saga de libros incluidos en la ingente producción literaria de J. R. R. Tolkien. Fue redactada entre 1937 y 1949 y publicada en 1954 y 1955. En sus libros Tolkien narra unos hechos que constituyen un breve pasaje de la historia de un mundo por él inventado. Durante los miles de años de existencia de éste mundo se produce una casi omnipresente lucha entre el Bien y el Mal, la Luz y la Oscuridad, cuyos sucesos significarán el paso de las Edades, cada cual marcada por uno u otro acontecimiento. La historia del viaje de Frodo, uno de los protagonistas de la saga que nos ocupa, constituye sólo un año de las decenas de miles que tiene el mundo. El Señor de los Anillos, como cualquier otra producción literaria, debe contextualizarse en el momento histórico en la que fue creada y en el perfil que pudiera tener su autor. La obra tiene ciertos elementos claramente orientalistas que cargan a los libros de significado simbólico y ayudan al autor a que el lector occidental se identifique con los protagonistas. En este sentido, como veremos, los protagonistas y los pueblos del “Bien” tienen numerosos elementos con los que un lector europeo o norteamericano puede identificarse, mientras que el “Mal”, hasta los hombres malvados, están rodeados de misterio y de un cierto halo de exotismo.

La Tierra Media: una geografía cargada de significado

La Tierra Media es el área geográfica donde se desarrollan los acontecimientos narrados en la saga de El Señor de los Anillos. Incluye todos los climas: muy frío al Norte y muy caluroso al Sur. La parte del Norte está partida en dos por una cadena montañosa cuasi inaccesible paralelamente a la cual transcurre un gran río, llamado Anduin, que desemboca en las tierras del Sur. El Anduin tiene una importancia vital para entender la situación de la Tierra Media en el período de la saga. En la ribera occidental del Anduin se extiende, en el Norte, la mencionada cadena montañosa. Más allá están las tierras de los hombres del Norte, los hobbits -Como los humanos pero pequeños y alegres- y algunos reinos de los enanos –son más bajos que los humanos pero muy fuertes- y elfos –no pueden morir de muerte natural, y son altos, sabios y melancólicos-. Es, en general, una tierra rica y pacífica, aunque hay hombres aislados, a veces tribus enteras, que se dedican a hacer el mal. Al Sur está la tierra de Rohan, un reino de los hombres muy importante durante la Guerra del Anillo –que se desarrolla en paralelo a la historia de los personajes de la saga- y un poco más allá, Gondor, el reino más poderoso de los humanos. Al Este de la ribera del Anduin el panorama es el mismo en el Norte. Según se avanza hacia el Sur, sin embargo, se resalta que la Oscuridad controla parte del bosque de los Elfos del Norte, poco más al Sur las tierras están desoladas por las guerras y, otro poco más allá, a la altura de Gondor, está la tierra que aloja a la capital del “Enemigo” de los “Pueblos Libres” de la Tierra Media, Sauron. Ésta tierra, oscura y yerma, se llama Mordor. Más al Sur todavía se extienden los desiertos de Harad y en la costa se levanta la ciudad de los corsarios de Umbar. Tanto la ciudad como los pueblos del desierto están aliados con Sauron. Al Este de Mordor y las tierras yermas que bordean con la región al Norte hay lugares que no se describen, pero de los que se sabe que provienen otros pueblos, aliados también del Mal. La distribución de las poblaciones y sus roles no es inocente. El Bien, como he mencionado, se concentra al Oeste el Nordeste del Anduin Mientras que el Mal y lo desconocido se extienden al Este y el Sureste. Las tierras de Harad son desérticas, y allí habitan hombres malos, y las áreas desconocidas se creen planas, como la estepa, y también están pobladas por humanos siervos de Sauron. En Occidente es posible encontrar refugios aún no alcanzados por el Mal donde la gente vive feliz y segura. En el Este hasta los reinos del Bien que siguen resistiendo lo hacen a duras penas, pues conocen o han conocido la opresión del Enemigo. En las estepas, Mordor y Harad, para el autor simplemente no hay cabida para el Bien. 

La distribución de las poblaciones y sus roles no es inocente. El Bien, como he mencionado, se concentra al Oeste el Nordeste del Anduin Mientras que el Mal y lo desconocido se extienden al Este y el Sureste.

Simbología y contexto de los pueblos de la Tierra Media

Tolkien, cuando se propuso crear un mundo de fantasía, trató de no descuidar ni el más mínimo detalle. Por ello en la saga del Señor de los Anillos cada personaje y cada pueblo tienen una serie de símbolos con su significado, tienen un rol asignado y desempeñan un papel concreto en los libros.

La simbología de los haradrim, los habitantes de los desiertos de Harad, es muy reveladora. Mientras el símbolo de Gondor es un árbol blanco imperecedero, el de las tribus “sureñas”, como a veces se las llama, es una serpiente. La serpiente es un animal, en la simbología occidental, identificado con el pecado y lo mezquino. El mismo Tolkien es consciente de ello: uno de los lugartenientes de Sauron, Saruman, tiene un ayudante que se dedica a envenenar la mente del rey de Rohan con malos consejos para encubrir los planes de su señor. Este personaje se llama Grima, pero todos le llaman “Lengua de Serpiente” porque se dice que sus palabras contienen veneno. La identificación de los pueblos del Sur con la serpiente va más allá: su caballería de élite son las “serpientes Negras”, que a la identificación con el reptil añade el color negro, asociado en la saga a la Oscuridad. Los hombres de Rohan, por su parte, están representados con un caballo blanco rampante, el summum de la nobleza.

Hay que tener en cuenta  otra cuestión: Tolkien era un gran amante de la naturaleza. Por ello, el escritor atribuye una naturaleza bella y exuberante a los lugares de donde es considera que reina el Bien. Así pues, los hobbits, paradigma de la inocencia, viven en agujeros bajo el suelo, entre colinas verdes y bosques densos. La mayoría de los elfos, por su parte, viven en ciudades dentro de bosques o en los árboles mismos. Los enanos viven dentro de las montañas. Sin embargo, los hombres corrompidos y los siervos de Sauron viven en el desierto, en tierras chamuscadas o en estepas inhóspitas. El contraste se hace evidente con la descripción de los prados de Rohan, que si bien son llanos como los de la estepa, aquí la hierba es muchísimo más alta. 

Esta es solo la primera mitad del artículo. La segunda la puedes consultar aquí.

Zenon

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