Deberías estar estudiando (o por qué masturbarte en vez de estudiar es político)

Llegan las no-vacaciones de navidad (un saludito al plan Bolonia): esa época mágica, donde el cariño -o la sordidez- de la familia forma, junto con los imperativos del consumo, y en nuestro caso las presiones académicas, una vorágine incontrolable que todo lo absorbe.

Mil veces lo has oído. Otras tantas te lo has dicho a tí misma. Deberías estar estudiando. Renunciar a tu vida durante semanas. O sentirte culpable por no hacerlo. Deberías estar estudiando. Café para madrugar y para trasnochar. Deberías estar estudiando. Cama-silla, silla-cama. Presión, nervios, agotamiento. Deberías estar estudiando. Rutina rígida, mecánica, acelerada, sin tiempo para respirar. Y mucho menos para pensar. ¿Debería estar estudiando? ¿De dónde sale ese deber?

Llevamos ya muchos años inmersos en este sistema educativo. Tantos que a veces nos parece que no hubiese otra forma de aprender que la suya: tratar de absorber como esponjas lo que nos llega en forma de clases magistrales, libros o artículos, memorizarlo, y vomitarlo en forma de trabajos, informes y exámenes. Todo ello en plazos y formatos que no obedecen a motivos pedagógicos ni se adaptan a nuestros ritmos de vida si no que los transforman. Que ni siquiera respetan nuestra salud: la ansiedad, la depresión o el insomnio no son reacciones exageradas y aisladas sino muchas veces una respuesta natural a las presiones a las que se nos somete. Que minan nuestra autoestima si no pasamos el listón. Que hacen del aprendizaje un proceso angustioso y burocrático. Rellene estos dos formularios y traiga el justificante de la transferencia bancaria. Veamos si cumple los requisitos, firme aquí, aquí y aquí.

Descargamos conocimientos en cada examen, a veces literalmente: ya se ha estudiado como lo que se memoriza para un exámen, se olvida rápidamente. Dada la basura que nos hacen aprender a veces, esto puede llegar a ser una ventaja, pero está claro que algo falla. Y aquí no vale buscar culpables entre las propias estudiantes: es la forma de evaluar la que determina cómo debemos estudiar si es que queremos aprobar y seguir con nuestros estudios.

Llegados a este punto, una se pregunta: ¿para qué mierdas sirve un examen? Vendrán a decirnos que bueno, que si, que vale. Que hay formas mejores de evaluar. Pero es que hay un problema: somos tantas que no dan a basto. Y será cierto, y veremos como se utiliza al personal más precario (porque al final, siempre se perjudica a las mismas) para vigilar y corregir un sinfín exámenes y prácticas. Pero quizá hay algo más. Quizá lo que realmente aprendemos con los exámenes va más allá del contenido de estos.

Quizá lo importante es el sacrificio, la disciplina. El ya tendré tiempo para disfrutar cuando acabe la selectividad, cuando acabe el cuatrimestre, cuando acabe la carrera… El sacrificio constante. El hipotecar cada minuto de nuestro presente por un futuro…¿mejor?. Tragar con la mierda que nos echen: no importan las horas que tengamos que meter, lo machistas que sean los comentarios de ese profesor, que nos adoctrinen descaradamente y nos vendan las bondades del capitalismo más salvaje o cuanto suban las tasas. No lleves la contraria, no te la juegues con quien te pone la nota.

A la mierda la competitividad. Apoyo muto entre estudiantes, comparte y consigue apuntes en servidorlibreuam.com

Quizá lo importante es la competitividad, el individualismo. Becas, expediente, matrículas de honor… Hay mucho en juego, a veces el poder seguir o no estudiando. Y mucha gente que busca lo mismo. Así que igual mejor no resolver esa duda a tu compañera. Igual mejor no compartir tus apuntes. Mejor que apoyarse entre compañeras, aplastar a la competencia. Porque al fin y al cabo, para conseguir muchas de esas cosas lo que necesitas no es aprender o buena nota: simplemente tenerla mejor que el resto.

¿Y todo esto para qué? Para que aprendamos. Para que aprendamos cuanto antes a competir entre nosotras. A lamer culos y estarnos quitecitas para ascender (o simplemente no ser perjudicadas), en lugar de colaborar y apoyarnos mutuamente en el curro o cualquier otro sitio. A que las cosas son así y no hay nada más allá. Para que nos acostumbremos a que nos roben la vida por un sueldo de mierda, en un mercado laboral de ritmos cada vez más acelerados. Como dicen ZOO, de precariedad y tristeza:

Fuck!! foc!!! maten a base de por

precarietat i tristesa

no té altre nom: explotació,

trauen de tu la riquesa

volen que et trenques l’esquena

ningú mereix eixa pena

nuga al patró, plena el bidó

foc i fi de la faena

Así que bueno, tocará luchar por otras formas de aprender. Pero el caso es que aquí estamos, en diciembre ya, y los exámenes se nos echan encima. Tampoco queremos dar soluciones mágicas ni inventar nada nuevo, pero si soltar algunas ideas que hemos ido recogiendo de aquí y de allá y que pueden hacer más ameno el trámite, o al menos un poco menos traumático.

Aunque estemos entre la espada y la pared, siempre hay momentos para la improductividad y para desarrollar la creatividad que esos mismos exámenes nos mata. Si no puedes huir de la procrastinación, quizá es un buen momento para ponerte a escribir un artículo como este o hacer memes (según fuentes que no podemos desvelar, así surgieron proyectos como Frase 1 Frase 2 o Historia en Meme). Tampoco creemos que sea casual el curioso aumento en la frecuencia con que nos masturbamos en época de exámenes, y desde luego, no se nos ocurre una forma más sana de ganar el tiempo.

Inevitablemente, nos viene a la memoria el oscuro origen de nuestra universidad. Y con ella, la de quienes le plantaron cara, y llegaron en 1971 a boicotear los exámenes de junio como protesta a la represión al movimiento estudiantil. Aún estamos a tiempo. Y dicho esto, nos vemos en febrero, con la esperanza de que no suframos muchas bajas y de que por el camino nos demos cuenta, al menos, de dos cosas: que hay cosas que no se aprenden en la universidad y que hay otras que es mejor no aprender.

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