Queridos Blancos: una reseña

Hemos querido creer que toda historia tiene su final, y una vez que hemos superado lo malo, queremos también dejar de lado todo aquello que nos lo recuerda. Así, la sociedad en la que nos encontramos queriendo olvidar un oscuro pasado de inhumanidad intenta continuamente acallar las voces que reivindican que el pasado no es pasado, cuando todavía se vive en el presente.

Queridos blancos pretende hacer frente a la realidad racial que se sigue dando en las universidades estadounidenses, donde continuos episodios de actos y agresiones racistas hacen despertar en las alumnas un sentimiento de descontento, de inestabilidad y sobre todo de amargura, que desemboca en la denuncia de dichas injusticias.

Las estudiantes negras, todas conviviendo en una misma residencia exclusiva para que ellas se sientan en un espacio seguro, se dividen en diferentes asociaciones con distintas causas por las que luchar contra el racismo que viven día a día. Así, las protagonistas de la historia, cada una con la suya propia, hacen frente desde fiestas que ridiculizan y estereotipan su dignidad como personas, hasta llevarles a sufrir el peligro que su vida dependa de una pistola que los apunta frente a sus ojos.

Desde una perspectiva a veces de comedia, a veces de concienciación, cada una de las historias va describiendo la realidad de lo que sufre una estudiante que quisiera poder tener una vida tranquila y también los distintos problemas internos que ponen en peligro la unidad de la comunidad. La perfección requerida para llegar a lo más alto de la sociedad, el jugarte la vida por tener una discusión, la denuncia de los privilegios que sistemáticamente tienen las personas blancas o que quienes atentan contra la vida de otras personas no tengan garantizado el castigo son hechos que no sólo afectan en la vida diaria de una persona racializada, sino también en un panorama institucional: la universidad.

Este domingo, se ha convocado en Madrid una manifestación por una sociedad sin racismo, por parte de las propias comunidades racializadas. La fecha ha sido elegida a propósito: coincide con el aniversario del asesinato de Lucrecia Pérez (el 13 de noviembre del 92), cuya cara vemos en el cartel. Lucrecia fue asaltada por un grupo de neonazis, entre ellos un Guardia Civil que fue quien finalmente le disparó. Su delito: ser negra, inmigrante y pobre.

Este crimen de odio prendió la mecha de una oleada de movilizaciones contra el racismo, y año tras año colectivos antirracistas y antifascistas reivindican su recuerdo.

Sin embargo, al contrario de lo que mucha gente que no lo sufre en sus propias carnes podría pensar, el racismo no es algo ni del pasado ni exclusivo de una minoría marginal de ideología extremista: el racismo atraviesa nuestra vida cotidiana y sigue muy presente de forma (a veces no tan) sutil en las instituciones, como bien muestran las políticas fronterizas relativas a la inmigración o el refugio, la existencia de CIES y un largo etcétera. Para saber más de la convocatoria, puedes leer una entrevista a algunas de sus convocantes en El Salto.

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