Ceci n’est pas une étudiante

Lo que sigue es una serie de reflexiones sobre las estudiantes que han ido tomando forma en la cabeza de una. No son máximas, ni críticas, ni directrices de ningún tipo. Resulta difícil determinar qué son. Tal vez lo mejor sea continuar con aquello de la serie de reflexiones y parafrasearlo: lo que sigue no son más que pensamientos cuya misma naturaleza hizo nacer inconexos, completamente deslavazados. Solo una decisión editorial justifica su numeración, por lo demás falsa, aberrante y absolutamente confusa para quien pueda animarse a leerlos.

Allá van.

    1. Una estudiante no es una cliente. Si paga, algo falla. Los términos Universidad y conocimiento son demasiado amplios para devenir producto comercializable. Sus límites quedan fuera de su definición. La patata no se puede poseer”, decía Homer Simpson. Si cambiamos ‘patata’ por ‘conocimiento’ y señalamos que este es propiedad de todas y de nadie, nos aproximaremos bastante a la idea. El conocimiento es de todas. El conocimiento no es de nadie. Pero el acceso de todas al conocimiento académico o el control de esa institución que debería generar conocimiento académico, y no solo papeles vinculantes a.k.a. títulos, depende del Estado, ¿o no? Universidad y Estado. Two sentences for two terms:
      1. Un Estado democrático que no facilita el acceso al conocimiento (que es de todas y no es de nadie)  e̶s̶ ̶u̶n̶a̶ ̶m̶i̶e̶r̶d̶a̶ se desmiente a sí mismo: no es democrático.
      2. Una Universidad pública que cobra tarifa de acceso y deja a sus puertas a quienes no pueden pagar la entrada se desmiente a sí misma por partida doble: no es universidad y no es pública.
    2. Una estudiante no es una consumidora.  La patata no solo no se puede poseer, sino que tampoco puede tragarse como patos a los que van a hacer foigrás, para luego vomitarla y vuelta a empezar. La capacidad de memorizar puede ser muy útil para la supervivencia, y el coleccionismo puede ser una afición muy noble. Sin embargo, la estudiante-contenedor-pasiva-de-datos-inconexos es un suicidio epistemológico. Nos da angustia y penita, nos aburre y nos pone tristes. Preferimos cuestionar, debatir, crear, y todo ello en colectivo. La imaginación al poder, o quizá, la imaginación contra el poder.
    3. Una estudiante no es una locomotora. No va siempre palante y tol día echando humo. Importan las pausas y los retrocesos. Aprender muchas veces es echar la vista atrás, cuestionarse. Aprender también es desaprender. Hacerse consciente de la mierda que ya hemos tragado, de nuestro machismo, individualismo, racismo y demás toxicidades. Descarrilarse.
    4. Una estudiante no es una idiota. Avisadas quedan. Y si lo parece en alguna ocasión (cuando mira a las musarañas durante una clase tediosa o cuando deja que lo roben, como durante la gestión del pago de su matrícula), es solo algo momentáneo y enseguida se repone (y retoma el hilo gordo y rugoso de la clase tediosa o se empodera participando del movimiento estudiantil).
    5. Una estudiante no es el movimiento estudiantil. Y viceversa, aunque parezca no tener ningún sentido. Lo importante: el individualismo mata. ¿Alguien se acuerda del lema de los mosqueteros? O más cerquita: ¿el de La Bola de Cristal? Pues eso.
    6. Una estudiante estudia. De lo contrario es una paseante pasillesca o matriculada-robada o 70 por ciento de agua en un recipiente extraño: el aula, la facultad, el campus, el mundo (así, en orden creciente de extrañeza). Y si la estudiante se rebela de vez en cuando contra su condición y se torna aprendiz, mejor. Estudia quien mira y aprende quien hace. Aunque enunciar sea también un modo de acción, hasta Woody Allen lo tiene claro: “Things are not to be told, but done, because they speak for themselves while being done”. Hagamos, ¡por dios!, y reunámonos para ampliar de golpe este horrible punto 6 entre todas.
    7.  [EN OBRAS: su elaboración corresponde a la lectora nº 17 que haya llegado hasta aquí. No importa que no sepas si eres la lectora nº 17, a ti nos dirigimos: si eres estudiante y fuiste lo suficientemente persistente como para aguantar esta odiosa lista que Voz Autónoma ha puesto a tu disposición, continúala. Hazlo sin ningún miedo y con entusiasmo, porque de lo contrario alguien lo hará por ti. Escribe y defínete. “Atrévete, tete” (Calle 13, 2006: 10).]

    Ya tú sabe.

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