Universidad Adoctrinadora de Madrid

Primer año de carrera acabado, nuevas experiencias, amigas que van a estar siempre ahí, pero sin embargo hay algo que no he soportado en todo el curso. No hablo de estudiar, ni de las notas. Hablo de algo mucho más grave que está sucediendo en la Universidad sin que nadie proteste contra ello.

Se me ha roto el mito de que a la universidad se viene a debatir, se enseña de todo, se pueden ver las cosas desde distintas perspectivas sin ataduras; las falacias que se le cuentan estudiantes de bachillerato para que venga a la universidad. No hacen falta ni tres días para darte cuenta de la mentira. Los catedráticos usan su libertad de cátedra para enseñar sus propias teorías y mentir descaradamente al alumnado; los profesores recomiendan libros, obligatorios para aprobar, por supuesto,  y esos libros casualmente son suyos.

La universidad la pintan como el paraíso terrenal del debatir y el aprender, pero hasta el mismísimo Satanás saldría corriendo al ver la verdad que ofrece. Decir en clase cualquier cosa en contra de lo establecido supone prepararse para ataques diarios. La UAM debería llamarse Universidad Adoctrinadora Madrileña. Empezamos con algunos hechos.

Tras el el curso 2016-2017 no hay quien no haya terminado harta de un profesor que únicamente hacía alabanzas del liberalismo, o de otro que decía que era una vergüenza lo que hacíamos —nuestro sitio vale una fortuna— y más tarde, a los pocos meses, era pillado en una trama de corrupción. O profesores difundiendo las mentiras de los nazis sobre la URSS. O profesores que llaman ETA a todo lo que busca un cambio en el sistema. Hablo con gente de mi clase sobre este mismo tema, y en lo que la mayoría coincide es que nos educan en el liberalismo. El análisis que hacemos sobre la situación es el siguiente:

Nuestra universidad es pública, es decir, la financia el Estado; vivimos en un estado liberal que odia todo movimiento que vaya en su contra (pudimos comprobarlo con el linchamiento mediático tras la bienvenida dada a Felipe González). Al Estado le interesa que se nos adoctrine en el liberalismo, de modo que mientras siga existiendo un estado liberal seguiremos mamando de lo mismo que los da de comer. Me explico: el sistema vive de individuos obedientes que no se pregunten el motivo de su bajo salario y que, en caso de huelga, prefiera trabajar por miedo a perder el dinero de ese día. Si de verdad la universidad buscara fomentar a las personas y no crear máquinas, permitiría debates no dirigidos y no mandara callar a quienes señalan que el rey está puesto por Franco, que Felipe tiene las manos manchadas de sangre o que Cuba tiene el mejor sistema educativo. O muchas cosas más que al sistema no le conviene que la gente no politizada sepa, porque implicaría descontento. Tras preguntar a varias personas sobre sus carreras hemos podido llegar a estas declaraciones:

En Historia, ni se te ocurra interesante por las luchas feministas o por realidades ajenas a la europeas. Aquello es barbarie; en Economía, todo aquello que no sea dar alabanzas al libre mercado te convierte en un blanco fácil para el suspenso; en Políticas y Derecho se mezcla todo. Si vas contra Suárez y compañía tienes un gran problema, amigo. Después está el caso de Magisterio. Tal vez digan que se tiene que llevar a cabo un tipo de educación distinta, pero esto una tapadera para ocultar la verdad. Una muestra es que, aunque se sostenga que debe cambiarse la forma de enseñar, en la universidad misma se enseña de forma convencional.

La Universidad nos adoctrina en el liberalismo, en la competición, en la necesidad de ser mejor que el resto. Los altos requerimientos para conseguir las becas Erasmus y los convenios fomentan eso, la competición, los hachazos entre compañeros para sacar mejores notas. Amistades arruinadas por una décima. Creo que hay que decir basta a este tipo de universidades, dejar claro a todo el mundo que aprobar no es aprender, que el liberalismo no es la única salida, y que, desde luego, no es la mejor. Nos quieren sumisas y cabizbajas, sin cuestionar nada en la universidad para que no lo hagamos al salir de ella.

Por una universidad crítica e insumisa ante el liberalismo.

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