El ocio comunitario no se reprime

De nuevo, la Universidad Autónoma de Madrid intenta desafiar al tejido comunitario de sus estudiantes. Durante el día de ayer, desde Rectorado se intentó prohibir la celebración de una fiesta organizada por tres asociaciones de la Facultad de Filosofía y Letras (Asociación Cultura Crítica, Historia Autónoma y La Jerónima). Sin embargo, a pesar de la visita inesperada de la Vicerrectora de Estudiantes (Lis Paula San Miguel Pradera) y el de Campus y Sostenibilidad (Santiago Atrio Cerezo) y el envío de seguratas y la amenaza de llamar a la policía (que llegó a entrar “de paisano” en el campus bueno en realidad se habían dejado la sirena puesta en el coche los muy listos), las estudiantes resistieron y llevaron a cabo el evento, donde finalmente hubo jam session, comida vegana, conciertos y muy buen rollo.

Sin embargo, estas amenazas no son algo nuevo. A pesar de que tradicionalmente las asociaciones de estudiantes han podido organizar sus eventos libremente, parece que este año al nuevo equipo de gobierno de la UAM se le ha atragantado el ocio autogestionado. Así, han encendido aspersores para dispersar las fiestas de La Diana (asociación feminista), Malasaña (Ciencias), Aee* (Económicas) y Habeas Corpus (Derecho) y han enviado seguridad privada a la de la Noam Chomsky (Psicología). Todo ello bajo la excusa de supuestos daños y falta de limpieza. Problemáticas que, sin embargo, no parecen detectar en festejos como San Canuto o Selectividad, donde la mayor parte de la gente viene de fuera de la universidad y no suele haber ningún tipo de corresponsabilidad por parte de quienes lo organizan.

Entonces, se olvidan desde Rectorado que todas las asociaciones del movimiento estudiantil se han preocupado siempre de garantizar la pulcritud y la integridad de las infraestructuras. Y no lo hacen por postureo ni por un cálculo económico, sino por cuidado de lo común, solidaridad con las trabajadoras y respeto al medio ambiente. Y también, cómo no, por demostrar que la gestión comunitaria es la única alternativa a la universidad mercantilizada.

Precisamente ahí está el quiz de la cuestión. Podría decirse que una de las características de la universidad neoliberal, en general, y el Plan Bolonia, en concreto, es la de deshacer con los contrapoderes y las prácticas comunitarias en la medida que ni tienen un valor de cambio (vamos, que no dan pasta a ninguna empresa) ni encajan dentro del sujeto estudiante-consumidor y su imaginario individualista asociado.

Lo cierto es que para el movimiento estudiantil no ha sido en absoluto fácil encarar esta situación. Desde que es obligatorio asistir a un montón de clases donde normalmente no se aprende nada, las relaciones personales que sostenían el activismo fueron menguando. No nos engañemos, fueron años de travesía en el desierto y de incapacidad para restituir la trama social que había sido arrasada. A pesar de todo, últimamente parece tener lugar una inversión de las dinámicas y las asociaciones, además de movilizarse, se están preocupando por organizar la vida en el campus y restituir los lazos que habían desaparecido. En ese sentido, la posibilidad de organizar nuestro ocio (mediante fiestas, cineforums, karaokes, comidas veganas, jam sessions, raves y tantas otras actividades) ha sido clave para devolver a la universidad una vida que algún día le fue arrebatada.

Por eso, seremos muy claras con el Rector y la nueva Vicerrectora de Estudiantes —que parece seguir la estela de la anterior, quien intentó amordazar a las asociaciones—: si así lo desean, haremos de la fiesta nuestra barricada y la defenderemos hasta las últimas consecuencias.

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