Bilingüismo bífido. Cuando el progreso segrega y mercantiliza

Durante los últimos años las estudiantes hemos sido testigo de la introducción de continuas medidas elitizadoras en la educación destinadas a adaptarla a las demandas del mercado: desde Bolonia a la LEMES, pasando por la archicélebre LOMCE. Ante ellas, una vez las identificamos como un peligro real, nos formamos, organizamos y luchamos. Conocer el porqué de nuestras luchas es parte de nuestra fuerza, tanto argumentativa como analíticamente; ello incluye pararnos en cada medida para entender su potencial peligro. Es por ello que hoy me centro concretamente una medida que se ha introducido en la CAM con fuerza desde hace años y que trae consigo, una vez más, la mercantilización de la educación y la criba de aquellas estudiantes pertenecientes a las clases populares: el bilingüismo.

La CAM tiene el dudoso privilegio de ser pionera en la prácticamente total implantación del bilingüismo educativo en la escuela pública: el programa, que se inició con 26 escuelas en el curso 2004-05, incluyó en el curso 2015-16 un total de 463 centros públicos. Los argumentos para el bilingüismo los hemos escuchado mil veces: es necesario saber inglés para desenvolverse en un mundo global, el inglés es la lengua franca por excelencia, mejorará nuestro currículum académico, etc. Qué mejor forma de aprender inglés en todas las áreas que, literalmente, extender el inglés a materias como ciencia o historia. Sin embargo estos argumentos no son sino falacias que buscan naturalizar sistemas de opresión y estigmatización económica.

Podríamos pararnos en si es legítimo o no que el inglés se haya colado hasta tal punto en la educación de estados no angloparlantes. Moreno Cabrera, catedrático en Lingüística General por la UAM, habla de colonialismo lingüístico como el proceso de naturalización de la imposición de una lengua: la supremacía de una lengua, que se da por situaciones económico-políticas, se justifica con supuestas propiedades atribuidas a la misma – el inglés es fácil, el inglés es la lengua global. Se toman así como naturales situaciones que responden a lógicas de dominación: que el inglés sea lengua franca no es algo natural, sino que es el culmen de un proceso de colonización lingüística debido a la supremacía económico-política de los estados angloparlantes. Este proceso tiene bastante que ver con la idea de superioridad cultural. Sin embargo, y aunque este es un tema que también debe tenerse en cuenta, más preocupantes son las consecuencias sociales de la elección de la educación bilingüe como método de aprendizaje de dicho idioma.

El conflicto de la educación bilingüe viene por una sencilla razón: existe una brecha entre el nivel de inglés de las estudiantes en determinado curso y el nivel de inglés que exige este modelo. Mientras en las clases de inglés las estudiantes de primaria dan las formas simples, en ciencias naturales se les exige tener el nivel suficiente para entender y expresar el ciclo del agua, denunciaba Susana de la Nuez en un artículo publicado en el portal Hay Derecho . Esta evidente brecha conduce a dos situaciones: la primera, la necesidad de rebajar el nivel cultural para adecuarse al nivel de inglés del alumnado; la segunda, la necesidad de cubrir dicha brecha de forma privada.

El primer caso se da, sobre todo, en los centros de educación primaria, ya que la media de las alumnas no llega al nivel de inglés necesario. Esto, acompañado de una pobre y apurada implementación que hace que muchos profesores no tengan realmente el nivel de inglés prometido, lleva a un resultado claro: menos conocimiento adquirido en un inglés no tan bueno. Un estudio de la FEDEA realizado en 2013 concluye así que: “para cultura general, el programa bilingüe tiene un efecto negativo y significativo sobre la puntuación. […] Por tanto, parece que el esfuerzo adicional que se hace al aprender inglés utilizándolo como idioma de enseñanza en una asignatura que no es la lengua inglesa tiene como coste un peor desempeño al aprender esa asignatura”.

Sin embargo es en la otra opción en la que el perjuicio de clase se hace más evidente. La necesidad de cubrir privadamente la brecha entre el nivel usual de inglés en la educación pública y las exigencias del bilingüismo se exagera cuanta mayor es la edad de la estudiante – por todo eso de ser ya adultas, autónomas y responsables. En este punto, la desigualdad entre aquellas estudiantes pertenecientes a las clases populares y aquellas de mayor capital económico conduce en muchos casos a la criba académica: la diferencia estará en tener tiempo y dinero para pagar una academia privada, poder pedir ayuda a progenitores o haber ido a un centro privado con mayor nivel de inglés con anterioridad. En este caso, una vez más el estudio de FEDEA confirma las sospechas: “para cultura general no encontramos un efecto significativo para alumnos cuyos padres tienen educación universitaria, mientras que para el resto de los alumnos encontramos un efecto significativo”. Esto, llevado a un lenguaje más coloquial, quiere decir que los efectos del inglés sobre el aprendizaje de cultura general no son econométricamente significativos para aquellas cuyos padres tengan educación universitaria, ya que estos tendrán el capital cultural y/o económico suficiente para cubrir la brecha. No tienen tanta suerte, sin embargo, aquellas estudiantes cuyos padres no tuvieran acceso a la universidad, que verán empeorar sus notas y peligrar sus becas.

Lo que hallamos en el fondo de esta cuestión no es sino el profundo debate ideológico sobre qué debe promover la escuela pública. Por un lado, hay quienes reivindicamos su valor histórico y simbólico relacionado con la inclusividad, la posibilidad de crear una educación crítica en la que participen todos los sectores de la sociedad sin importar clase, raza o género. En frente está la visión liberal de la autonomía individual y el auto perfeccionamiento, la educación como máquina de criba para que solo aquellos individuos mejores lleguen al final.

En definitiva, podría decirse que la extensión de la educación bilingüe es una parte más del continuo ataque que está viviendo desde hace años la escuela pública, promoviendo su creciente elitización al poner cada vez más obstáculos a aquellas estudiantes de clase trabajadora. Este proceso, si bien se ha excusado más de una vez en la crisis económica, la precede: según PISA “el peso de la clase social del alumno en sus resultados creció casi el 25% en España entre el 2003 y el 2012.”. Esta criba se agudizaría después durante la crisis y seguiría reinventándose con medidas como el bilingüismo educativo: una medida que casualmente provoca, como bien decía Cesar Rendueles “que los estudiantes de las aulas bilingües sean de piel más clara, más ricos y con mayor capital cultural que los demás”. Una vez identificado el peligro, es el momento de organizar la resistencia.

 

 

 

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